Profr. Santos Noé Rodríguez GarzaHermosas palabras con las que el responsable de los trabajadores que quedaron atrapados en la mina de San José en Chile, le dio parte al Presidente de la República de la culminación de los trabajos de rescate de 33 mineros, que estaban encerrados en toneladas de piedra a 700 metros de profundidad; todos están bien.


Al ser entrevistado Luis Ursúa el capataz de los trabajadores expresó: con disciplina y democracia logré controlar a mis compañeros; disciplina para acatar las indicaciones y democracia para tomar decisiones.

Los trabajadores angustiados al máximo, por las circunstancias tan difíciles que rodeaban su vida, se rebelaban, discutían, vociferaban, desesperados trataban de encontrar una salida, Luis los mantuvo unidos, les dijo:¡Si nos vamos a salvar, nos salvamos todos! Con disciplina organizó al grupo y racionaron: el agua y los pocos alimentos que poseían y esperaron; sabían que las Autoridades, los dueños de la mina y sus familiares, harían todos los esfuerzos para rescatarlos.

Formidable lección de solidaridad, compañerismo y amor a los demás, nos dieron estas 33 personas que en la oscuridad casi total se las ingeniaron para soportar la carga emocional que implicaba la espera.

Todos y cada uno de ellos se refugió en sus creencias y su fe les permitió sobrevivir.

La humanidad toda estuvo al tanto de su rescate y el mundo respiró satisfecho cuando sacaron al último de los mineros atrapados; hubo muchos héroes anónimos que se entregaron a una noble causa y se sintieron felices porque con su esfuerzo contribuyeron a salvar una vida humana.

Nosotros al contrario nos estamos degradando y llevando nuestra vida por un camino de sufrimiento y dolor, a muchos no les importa la senda de penalidad que están siguiendo sus familiares, cuando los dejan que caigan atrapados en las garras del vicio. ¿Qué es más angustiante? Saber que estás atrapado en las profundidades, o enterarte que uno de los tuyos es un sicario o un traficante de droga; para lo segundo hay salvación inmediata, aplicar los principios morales de la familia e imponer la disciplina de padres a hijos.

Estamos en este mundo para cumplir un destino y tarde que temprano tendremos que rendir cuentas al Supremo; me pregunto, ¿Qué diremos al final del camino? La carga fue muy pesada no pude con ella. O ¡Señor le entrego mi turno, todos están a salvo!

SANTOS NOÉ
Cronista de la Ciudad
Miembro activo de la AESH


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