El día dedicado a rendir homenaje a los Mártires de Chicago, a los movimientos huelguísiticos de Cananea, Sonora y Río Blanco, Veracruz, perdió paulatinamente su efecto revolucionario, reivindicador; la combatibidad característica de los sindicatos se trocó en loas y adulaciones a los regímenes de origen priísta y en silencio cómplice en las administraciones panistas.

El gobierno mexicano controló las organizaciones obreras en base a la cooptación de sus líderes, que golosos, se engulleron buena parte del pastel del poder político y se dieron gusto obteniendo canonjías, prebendas económicas y posiciones en las esferas gubernamentales, además de obtener beneficios económicos, transformándose algunos de ellos, en criaturas monstruosas, mitad empresarios, mitad obreros.

Ante la transformación que ha sufrido el proceso productivo mundial, la misma terminología es puesta en tela de duda, hablar de trabajadores, clase obrera o proletariado, tal parece es hablar de cosas diferentes, bien apunta José Othón Quiroz Trejo en su texto sobre Una crítica a la historiografía del movimiento obrero en México: "el viejo problema del sujeto revolucionario reaparece ante las modificaciones que sufre la clase obrera en la fábrica y el resto del trabajo asalariado en el campo y los servicios. Unos se terciarizan, otros se proletarizan, más la tendencia es contradictoria y complementaria".

Otro factor importante a considerar es la lucha constante entre los pocos sindicatos independientes de izquierda y la tercia formada por los sindicatos charros, el Estado y los patrones. Quiroz señala que la consigna: ¡Charro, Estado y Patrón son el mismo cabrón! (sic) y mantiene su vigencia aun latente "en tanto no se desmorone la burocracia sindical charra y las bases que lo apoyan... y el patrón, en su versión más atrasada, es una burguesía patrimonialista que sueña con un proletariado servil y despolitizado, para ellos la independencia sindical es una amenaza demoníaca y subversiva...el Estado, utilizando infinidad de métodos coercitivos o de consenso, que van desde la cárcel hasta la mediación burocrática de los conflictos a través de las Juntas de Conciliación y Arbitraje, cumple su papel de garantizar la reproducción de la fuerza de trabajo barata y pacífica para el desarrollo capitalista del país".

La celebración del desfile del primero de mayo se inició en l913, en pleno régimen militar de Victoriano Huerta, con una manifestación a la que asistieron veinte mil obreros cuyo reclamos principales fueron la jornada de ocho horas, el descanso dominical y la indemnización por accidentes de trabajo..

Jacinto Huitrón escribió en esa fecha un artículo sobre los Mártires de Chicago y señaló en uno de sus párrafos, lo siguiente: "los que hemos nacido en un hogar de dificultades económicas, cuando otros fueron a la escuela a nutrir sus cerebros con el pan de los conocimientos, tuvimos que ir de pequeños al taller a amasar en él, con el sudor y las lágrimas, el pan para los nuestros; tuvimos que trabajar esa fatiga que los mediocres pretenden celebrar como fiesta del trabajo".

Urge rescatar la significación del primero de mayo, Día del Trabajo, en su sentido original y revolucionario, no como un fandango de las autoridades gubernamentales, ni adornos de caducos líderes obreros, mucho menos como una efeméride patriotera de obligada conmemoración por los gobernantes en turno.


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