Llegaron unos pocos, luego se fueron sumando más y la idea cristalizó, primero fueron vistos con desprecio, después se les entendió, ocuparon un lugar en la calle Venustiano Carranza, mucho antes de convertirla en amplia rúa citadina; pasaron a los terrenos de la, desde hace tiempo en desuso, estación de los ferrocarriles.

Las quejas de comerciantes establecidos y uno que otro exquisito por la insalubridad, la basura y otros factores fortalecieron su espíritu solidario, mejoraron su aspecto, pero el genuino aroma del campo siguió presente: gallinas, cabritos, cerdos, elotes, tunas, huevos, plantas y muchas otras cosas, nos hacían trasladarnos de la presurosa urbe al ámbito rural en una zona muy cercana al centro de Monterrey.

Los ubicaron es ese lugar con la promesa incumplida de un comodato, luego las autoridades regiomontanas vendieron esos terrenos a la CTM y ya acreditado el lugar, más la modernización de la avenida, despertó la codicia de las huestes de la central propietaria; hoy les quieren cobrar una renta muy cara y amenazan con echarlos del lugar.

El asunto se puede complicar ante la falta de comprensión del cabildo de Madero y sobre todo, la falta de buenos negociadores por parte de esta institución para lograr una mesa de diálogo y evitar que se rompan las hostilidades, ya que por una parte están estos hombres del campo, pequeños comerciantes de alejados villorrios de San Luis Potosí, Zacatecas, Coahuila y Nuevo León y por otra, los rudos operadores en estos menesteres de la CTM.

El descuido del campo mexicano por las autoridades de los tres niveles, la necesidad de conseguir la subsistencia y el hambre, hacen que estos hombres y mujeres se trasladen cientos de kilómetros para ofrecer sus productos y mercaderías en el singular Mercado Campesino.

No cabe duda, el viejo adagio popular se hace presente: "Pobre del pobre que al cielo no va"; una vida llena de sacrificios, angustias, privaciones, apenas encontraba un resquicio para remediarlos, cuando la todopoderosa CTM en contubernio con la anterior y actual administración municipal, los pretende despojar de un sitio que han ganado a pulso.

La violencia puede estallar en cualquier momento debido a la desatención, tanto del gobernador como del alcalde, ocupados uno en el forum y el otro en su precampaña; dejan hacer y deshacer a los cetemistas y a toda laya de aventureros, logrones y oportunistas que han hecho de nuestra ciudad una tierra de nadie.

La mediación, el acuerdo, el diálogo, la negociación, el ofrecimiento de otro sitio, parecen palabras que pasan desapercibidas por nuestros funcionarios, mientras los oferentes del Mercado Campesino, pobres que al cielo no van, están más allá de la esperanza, aunque la posible resignación no parece estar entre sus virtudes.


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