Profr. Salvador Garza InocencioConocimos algunos vetustos bancos de carpintero, uno en una casa de Zaragoza e Iturbide, otro en la calle Antonio Solís, el de Don Gabrielito; uno más allá por la calle Ocampo en el pintoresco barrio de "El Aguacate" y un último en la calle Mina casi al cruzar con Escobedo.

Esos viejos bancos de carpintero han de traer hoy muchos recuerdos a quienes estamos en la flor de la tercera edad. El olor a la madera nueva, cercenada para dar nuevas y útiles formas, la viruta y el aserrín con que formábamos fantásticos castillos debajo del banco de aquel sencillo y laborioso carpintero, padre de mi amigo Celso.

También pudimos constatar la confección de vestidos, de aquellos vestidos que dieron prestigio a Sabinas Hidalgo en una fábrica llamada "Creaciones Josefina" dirigida por Finita, nombre con que era conocida la madre de mi amigo Celso.

Las horas del trabajo diario eran muchas, pero con laboriosidad y constancia Don Celso y Doña Josefina pudieron sacar adelante a su familia. Padres orgullosos del deber cumplido, al haber sabido inculcar muchos valores en los cuales fincar las bases de una vida digna, hablo de ellos, porque ellos fueron el origen.

Hoy a once años de la pérdida de Celso Garza Guajardo, hablar de él no es fácil, y digo que no es fácil porque Celso fue e hizo tantas cosas que sería difícil enumerar.

Recordar aquellos felices momentos de la infancia, cuando descalzos asistimos a la escuela primaria, cuando felices también corríamos sobre los charcos que había dejado la lluvia en el mes de mayo; cuando saboreábamos en el recreo las ricas charamuscas que en una caja de zapatos vendía el compañero Morán.

Cuando aprendimos las primeras letras a las que se les llamaba "los sonidos" la "a" de ala, la "e" de elefante, la "i" de de indio, la "o" de oso, la "u" de uva, de aquella insigne maestra que estaba al frente de aquel grupo de más de cuarenta inquietos chiquillos, de aquella nuestra inolvidable maestra de primer año, la Profra. Azucena Hinojosa Pérez.

Llegar a casa a saborear los ricos frijoles del jarro, cocidos éstos con leña de mezquite, en aquellas chimeneas llenas de hollín y hoy en estos días monumentos históricos que veneran el recuerdo.

El paso por la escuela primaria Manuel M. García, el posterior inicio del trabajo escolar en la escuela secundaria "Antonio Solís" allá por el año de 1955. Los estudios profesionales hechos en nuestra gloriosa Escuela Normal "Pablo Livas".

Las inquietudes políticas de nuestro amigo Celso en épocas venideras, sus estudios superiores y su constante afán de superación e investigación.

Celso fue todo un ejemplo de dedicación y entrega, en las aulas y fuera de ellas. Los libros, los periódicos, la radio, el cine, las clases de los maestros y las pláticas de los mayores fueron siempre un contacto y un material de estudio para Celso.

Fue en este tiempo cuando empezó a escribir sobre este pueblo, este pueblo donde nació que fue su inundo.

Muchas crónicas están en la mente de quienes habitan el caserío del pueblo, de este pueblo al que Celso le entregó sus múltiples y variados escritos: él habló y escribió de personajes, espacios y lugares.

Y refiriéndose a este lugar dijo; "El día de muertos tiene una sensación de otoño en nuestro medio, es un día impreciso en cuanto a las condiciones de sol, nubosidad. lluvia o viento... en día medio a propósito del día de los muertos, con el tiempo de todo aquello fuimos formando una mística, una mística que es lección y propuesta, la lección y la propuesta se adquieren en la suma de las horas y de los años, es un acopio de reflexión en reflexión año con año, una gran suma de pláticas entre las tumbas y andadores, alrededor de la barda, en el ir y venir; la mística del camposanto es la experiencia hasta la suma total, hasta el momento mismo de la propia muerte".

Garza Inocencio
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo


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