Profr. Salvador Garza Inocencio

Nos aprestábamos a presenciar el desfile del dieciséis de septiembre ya había muchas personas en la esquina, comentando que este desfile volvería a tener la importancia de los desfiles de antaño, cuando de todas las celebraciones patrióticas era la más importante, por ser la celebración de nuestra Independencia.

Mientras tanto cerca del lugar estaba él, hacía más de cuarenta años que no cruzábamos palabra, sabía que trabajaba allí, como lo había hecho desde siempre, de actuar sereno, mirada tranquila, su pelo ahora cubierto por la nieve del tiempo, su paso lento, pero su memoria muy brillante; me acerqué a él y le dije ¿Me conoces? Claro, claro que lo conozco, usted es el Profe Chalo, recuerdas cuando descalzos íbamos a la escuela, sí lo recuerdo muy bien, se acuerda, me dijo, cuando llevábamos el “bale” donde guardábamos los libros, que a decir verdad, era uno sólo, el de lectura.

Fuimos compañeros en la primaria, ya en la adolescencia te hiciste amigo de mi hermano Andrés, de Rodolfo Durán, de Pedro Alejandro; en aquella esquina de Bravo y Mier y Terán, luego un poco más al norte, en Zuazua y Bravo donde vivías con tu madre Doña Finita Chávez.

En la esquina suroeste de estas calles, había unos corrales con vacas y becerros; y un buen día, allí se construyó una sencilla plaza de toros, lugar que los domingos era frecuentado por los amantes de la “fiesta brava”. Allí estuvieron algunos toreros si no de gran fama, sí de gran valía.

Por las tardes cuando aquel lugar estaba “vacío” tus compañeros y tú entraban al redondel de aquella plaza pueblerina y hacían “la gran faena” toreando por decirlo de algún modo a los becerros que allí se encontraban, de todos tus compañeros eras tú el que lo hacía con más garbo; de allí el porqué de tu apodo “El Novillero”. Hasta hoy sigues trabajando en ese lugar, ese lugar que constituye un icono de las tiendas de ayer en el espacio de hoy.

En esta tienda puede observar: breveras, arados, baños y tinas de lámina, mecates, molcajetes, cencerros, planchas de brasas, talladores, hachas, palas, costales llenos de maíz, resistentes cuerdas para lazar y un sinnúmero de artículos usados en la vida campirana.

Hay un enorme y antiguo mostrador que ha resistido el paso del tiempo y sus embates; fue colocado en ese lugar allá por el año de mil novecientos cuarenta y uno, tiene alrededor de setenta años en este sitio, amén de los años que sirvió en aquella tienda que tuviera Don Luis González Garza en el cruzamiento de las calles Juárez y Mina.

Hoy nos hemos referido a Héctor Santos “El Novillero” y a la tienda de “Don Luis” tu lugar de trabajo por decenas de años. En este espacio, muchos han de traer a su memoria el recuerdo de “José el de Hilaria” llamado también “José Gorraprieta”. Hoy al frente de este negocio el buen amigo Don Luis González González.

Pero así está el mundo, y éstas son “Nuestras Cosas”.

Hasta la próxima.

Garza Inocencio
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo


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