Carolina Montemayor MartínezLa decisión de la expropiación petrolera (18 de marzo de 1938) ha sido, desde entonces, calificada como la más audaz después del inicio de la Revolución Mexicana. Las colectas populares y la emisión de bonos en apoyo al jefe del Ejecutivo para la indemnización de las empresas estadounidenses e inglesas, catalogadas como lacras imperialistas, son hechos históricos sin precedentes.

Para reactivar nuestra memoria revisemos un poco, la historia reciente:

En 1936-37 importantes sucesos convulsionan al país. El Sindicato Único de Trabajadores de Petróleos, presenta a la empresa el contrato colectivo de trabajo que contempla la reducción a 40 horas semanales de actividad laboral y salario íntegro en caso de enfermedad.

Términos que no son aceptados por los empresarios a quienes el presidente Lázaro Cárdenas sugiere el establecimiento de propuestas conducentes a acuerdos, solicita a los trabajadores el levantamiento de la huelga ya emplazada, la reanudación de labores y se compromete a resolver con justicia el conflicto.

El dictamen emitido por la Comisión Pericial, designada por la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, determina que las compañías petroleras se encuentran en condiciones de aumentar salarios y mejorar las condiciones de trabajo.

Éstas se amparan y la Suprema Corte les niega el amparo. Cárdenas se entrevista con representantes de las empresas sin llegar a acuerdos. Conciliación y Arbitraje rescinde el contrato colectivo y libera a los trabajadores de sus obligaciones con las compañías.

El 18 de marzo de 1938, día histórico, a las 10 de la noche, el presidente Lázaro Cárdenas hace público el Decreto Expropiatorio. Los trabajadores toman posesión de las instalaciones expropiadas, se formulan iniciativas (Fondo de Cooperación Nacional) con el objeto de reunir fondos para el pago de las indemnizaciones a las compañías petroleras expropiadas. Enorme manifestación de apoyo a la decisión de la expropiación.

El 20 de julio del mismo año, PEMEX inicia labores y, desde entonces, ha sido el motor de la economía en México. Desde entonces, se iza la Bandera Nacional, a toda asta, cada 18 de marzo, en señal de celebración de júbilo y de acato al Artículo 27 Constitucional. Durante 70 años hemos cantado loas y vítores en plena conciencia de que el petróleo es nuestro. En las escuelas, al menos en las públicas, se recuerdan los hechos a los niños ya informados y se informa a los de nuevo ingreso para que sepan y no olviden y defiendan lo que por derecho les pertenece. Hasta hoy así se ha hecho.

…Pero, un mal viento ladrón, llega, allende el Bravo, y otras latitudes, pretendiendo alterar este equilibrio. Teorías de altos vuelos, aunque algunas absurdamente perversas, van y vienen:

Que si reforma estratégica o económica o fiscal; que si es tema jurídico o ideológico; que si es la necesidad de cambiar política; que si Estados Unidos, nuestro buen vecino, tiene que obtener petróleo para sus operaciones militares; que hay que restituir a PEMEX su capacidad de empresa, (como si la hubiera perdido) a manos, otra vez, de compañías extranjeras, las mismas de las cuales hace 70 años nos libramos.

Hay hasta quien plantea, desde el paroxismo de la estulticia, que, ¿de dónde se saca dinero para pagar a los maestros si no es privatizando el petróleo? ¡Hágame el favor!

Una voz de cordura y de amor a México, una voz patriota, no entreguista ni mercenaria, propone lo único a tono con la legitimidad que el caso amerita: Un diálogo social, no un cabildeo congresista integrado por partidos políticos cómplices del pretendido despojo. Un debate en libertad, conducente a un consenso nacional universal, unívoco e irrevocable que contemple a PEMEX en el sitio que como RIQUEZA NUESTRA, le corresponde en nuestro proyecto de Nación.


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