Carolina Montemayor MartínezBebe, la noble tierra, el transparente líquido que los cielos le ofrecen como beben mis ojos tú mirada, misteriosa e insinuante y mi emoción, bebe sedienta tus señales, verde luz permisiva a mis sueños que, en sus nidos, con timidez, se acunan. Insaciable, bebe la tierra, ayer seca, su entraña atesora la nutricia gota como atesoro tu palabra nueva y el calor que me otorgas y la luz que derramas sobre mis tristes, solitarias horas...

Canta incansable el ave, porque adivina, la cercanía de la compañera que lo hará trascender al clarín del natural instinto, de la perpetuidad a la que está ya inscrito como también cantamos, nosotros, amos supuestos, señores pretendidos de este tiempo infinito...

Llora el cielo plomizo, canta la tierra toda, despierta la raíz, su actividad se agita y ríe la montaña mientras que, lentamente, vuelve a vestir su verde terciopelo iridiscente. Verdes matices que, cuando llega el sol, a sus rayos imitan, transgreden y transmutan. Verde arcoiris, sinfonía de la sierra, del color dictadura!

Llueve en Monterrey, un gris de lluvia acaricia el día y penetra la noche, es la declaración de amor esperada y fecunda, paridora de anhelos y delirios.

Es la vida que dormía la siesta y despierta al sonido del rocío, como niña que se despereza y sonríe y bosteza. Impulso de creación, irreflexivo instinto. Es sólo pertenencia a nuestra humana especie que responde a su sino...

Lluvia de afectos, similar a esta bendita lluvia que hoy agradecemos. Sin esa fina brisa del afecto, el amor, el apego; ni el paraíso mismo, ni el perdón del pecado, podrían rescatarnos de volvernos salitrosas estatuas, o, en el más gentil caso, mecánicos autómatas sin ayer ni mañana...


Buscar en el sitio

Alazapa Tutoriales