Carolina Montemayor MartínezAlgunas veces, el sentimiento de soledad nos impulsa a la deserción; rota la esperanza, nuestros días se hacen tristes y el abatimiento por la carencia afectiva o el evento adverso nos conduce al aislamiento y a la depresión. En ocasiones, la crisis se acentúa y nos cuestionamos sobre el sentido y propósito de nuestras vidas que consideramos malogradas, vacías o inútiles. Mas, es también frecuente, aunque parezca contradictorio, que en ese estado de ánimo encontremos la fuerza y la determinación para continuar el camino porque nuestras almas son invencibles...

Un mensaje de esta índole llegó a mi monitor con el título de "Claro de Luna", sí, sobre el genial Ludwig van Beethoven, también con frecuencia atrapado en este cuadro crítico. El músico excepcional, llegó al extremo de pensar en el suicidio por su frustración ante su enfermedad. No escuchar era, evidentemente, desastroso, más aún cuando la música era la razón y la pasión de su vida.

Cuando era, a través del sonido, donde su espíritu encontraba su alero y su existencia su esencia.

Un encuentro casual, con una joven invidente lo rescató del imán del torbellino de la muerte al decirle: ¡Yo, daría todo por ver una noche de luna! Este anhelo manifiesto con tal vehemencia, ¡poder ver una noche de luna!, despertó tal emoción al compositor, tal ímpetu de vida que, de allí surgió la sonata Claro de Luna, bella melodía cuya lentitud y notas repetidas aluden a los pasos de los portadores del ataúd donde era conducido, a la tumba, su amigo y mecenas en quien él encontraba la imagen idealizada del padre. Quienes gustan de fantasear imaginando los sentimientos que nutrían al músico en el momento de la composición, suponen que la repetición de notas es el símbolo sonoro equivalente a la pregunta ¿Por qué? planteada con insistencia y en franco desafío al arcano... Jamás podremos saber qué emociones movían al autor en los momentos de su creación pero sabemos y sentimos, a flor de piel, el efecto a que su melodía nos induce. Melodía que ha sobrevivido a los tiempos y trascendido en los sentimientos...

La sonata Claro de Luna es la traducción a notas musicales de una noche de luna para quien no puede ver con los ojos físicos pero la mirada de la imaginación es más emotiva y profunda, más fiel al impulso creador, más grata a la vida y a Dios.

Años después de esta composición, ya completamente sordo, Beethoven crea su Himno a la Alegría, canto de gratitud por haber podido sobreponerse a la adversidad. Melodía que nos transmite el optimismo y la fe que, momentáneamente, creemos perder en la encrucijada del desconcierto.

Así, cumple el arte su función humanística, la de convertirnos en coautores de la obra artística, cuando su presencia nos impele a nuestra propia interpretación y nos hace capaces de intentar un diálogo con la sensibilidad o idear un discurso al oído de la creatividad.


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