Carolina Montemayor MartínezCreo, que hoy, necesito llorar. Todo empezó cuando, viendo un film trágico, al momento del desenlace que se advertía inevitablemente fatal, la cascada vertiginosa de mis lágrimas empezó a manar como intempestiva lluvia estival.

En vano la pantalla del televisor pasaba los créditos finales, el llanto continuaba su raudal salobre, para el asombro de mi atónito razonamiento y continuó su curso sin aparente justificación.

El apremio del sonido del teléfono intercepta, al momento justo, la desconcertante escena. Contesto con la esgrima de la naturalidad, la voz entrañable de Ana, se destila a través de mis tímpanos "Hola mamá" y el impulso de abandonarme al llanto hace mutis inmediato.

Hablamos, relatamos nuestras presentes diligencias, nos decimos cuanto nos amamos, intercambiamos sendos besos y acordamos reanudar la conversación en breve tiempo.

Vuelvo al escenario de las lágrimas en un intento de despejar esa incógnita. ¿Por qué? Revuelvo en vano el arcón confuso de mis vivencias, nada en ese contexto me responde.

Acaso es sólo que la melancolía reclama su necesaria dosis de sollozos para decirnos "Aquí estoy", cohabito junto a la alegría, la energía, el deseo, el anhelo y la fantasía... Sin mí, no existirían, soy el extremo opuesto de ese juego que al aire te suspende, y te mantiene alegre.

Soy la otra opción, reclamo mi ración...

Hoy, esta armadura acerada y antigua que me he tenido que confeccionar, expuso sus fisuras y, una lluvia fina que apenas se insinúa, se pretende infiltrar. La reenviaré al exilio, al ostracismo mismo, durante largos años ocupó mi heredad, ya pagué su tributo, probé su pan ácimo, su fruto acidulado y cáustico, conozco sus ardides, evito sus recurrentes trémolos, y actitudes hostiles...

Si hoy tengo llanto que verter, lo haré, por el sólo placer, por el gusto de ver partir a este viejo amigo y le diré "Hasta nunca". Lloro la vieja lágrima, la de Eva, la de Adán, la de María y la de Jesús y la de tantos mártires que en este mundo han sido.

Lloro mi llanto antiguo, es el tuyo y el mío. Una última lágrima, la última y nada más...


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