Este tres de mayo como todos los años, los villaldamenses, sus familiares y amistades se quedaron animados y preparados, para festejar a la Santa Cruz. Hoy los coterráneos están tristes por no celebrar el día de la Santa Cruz, un festejo tradicional que esperan contando los meses y los días, para la organización del mismo. Algunas devotas nos dicen “que pena no celebrar a la hermosa Santa Cruz, y ahora que iba a estar más bonito, más alegre, por caer el día en domingo, cuando mucha gente puede venir; ni modo, primero es la salud.

Efectivamente, el párroco Pablo Cárdenas, responsable de la iglesia de Villaldama, informó a los fieles de la suspensión de los festejos en atención a la disposición del señor obispo don Gustavo Rodríguez Vega, titular de la arquidiócesis de Nuevo Laredo, Tamaulipas.

En su comunicado el señor obispo hace referencia a la emergencia de salud pública que viven México y otros países. La epidemia llamada influenza humana A/H1N1, ha afectado a la población y en solidaridad con las disposiciones de las autoridades federales y estatales de salud, la iglesia católica mexicana se une al esfuerzo de gobierno y sociedad, para evitar el contagio entre los feligreses.

El festejo de la Santa Cruz se inició desde los tiempos de la Colonia, cuando se fundó el Real de San Pedro de Boca de Leones, cuyo motivo fue la explotación de los minerales encontrados en la montaña de Minas Viejas.

Los mineros celebraban el día del Santo Madero, tradición que continuó con la evangelización de los franciscanos que a partir de 1715, dirigidos por el fraile de los pies alados Fray Antonio Margil de Jesús, levantaron una sencilla capilla o Ermita en la loma cercana al pueblo, donde se colocó la Santa Cruz. Hoy los villaldamenses disfrutamos de una nueva capilla, más amplia, construida en 1942, a iniciativa del inolvidable Padre Nabor Villegas Villarreal.

Muchos han sido los cambios que se han dado en la organización de los festejos de la Santa Cruz, sin embargo todos conllevan a mantener la fe y el amor a un símbolo religioso que nos une, nos enaltece y nos da confianza a los villaldamenses, aún en momentos difíciles, como en la epidemia de sarampión en 1825 que causó graves daños a la población; así mismo, en 1834 se registró el cólera morbus, en 1835 llegó la viruela y en 1886 apareció la fiebre llamada dengue. En cada ocasión, el festejo de la Santa Cruz se realizó en forma sencilla, más que todo como un acto de fe al Santo Madero.

La historia de Villaldama registró en 1903 los estragos de la fiebre amarilla, año en que murieron tres personas y como medida de prevención se mandaron tapar las norias para evitar la propagación del mosquito, se fumigaron 35 casas donde se habían registrado casos de esta epidemia. Esta enfermedad dejó muy atemorizada a la población.

La influenza española en 1918 dejó graves daños en el mundo, el país y en estado de Nuevo León, en nuestro pueblo acabó la alegría y el bullicio debido a esta epidemia, los hogares se enlutaron y los toques de las campañas se hicieron lentos y graves, como si hubieran aprendido a llorar.

Los villaldamenses de principios de siglo XX recuerdan que sus familiares no alcanzaban a ser sepultados individualmente, sino en conjunto, en una fosa común, para evitar el contagio, los cuerpos eran llevados en carretas y carruajes al panteón del pueblo o comunidad.

El ceremonial a la Santa Cruz se realizaba en forma sencilla en la iglesia y en la ermita, donde la fe y la confianza en la milagrosa Santa Cruz los alentaba a rezar.

Hoy se suspendió la fiesta religiosa dedicada a la inolvidable y siempre bendita Santa Cruz, las calles lucen desiertas y tristes, sin los tradicionales arcos de carrizo y palma, adornados de coloridas flores, los pendones de la Santa Cruz colocados en puertas y ventanas brillan por su ausencia.

Los vecinos se prepararon como de costumbre para una procesión que no fue posible y esperan que el próximo año 2010, se realice el festejo, para acompañar a la Santa Cruz, en su recorrido de la Iglesia a la Ermita y cantar:

“Venid oh cristianos,
la Cruz ensalsemos,
la Cruz adoremos,
que al mundo salvó”.

María Luisa Santos Escobedo
Cronista de Villaldama, N. L.


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