El 5 de Junio de 2009 se cumplen 131 años del natalicio de Doroteo Arango; el 20 de julio de 2008 se cumplieron 85 años del asesinato del Gral Francisco Villa. A pesar del tiempo transcurrido, este personaje de la Historia de México sigue siendo tema de discusión y polémica: para algunos es un héroe, para otros un bandido; para algunos fue un gran militar y para otros fue un simple pistolero. Si hacemos una encuesta entre los mexicanos encontraremos que de cada 10 personas, 9 están a favor de Villa y una en contra; tener un 90% de los votos es tener popularidad y Pancho Villa la tuvo y la seguirá teniendo, aunque le duela a la minoría, ¡Viva Villa!

Francisco Villa es una héroe legendario en México y en casi todo el Mundo. Los epítetos con los que ha sido llamado, nos dan una idea de lo que Villa ha representado en nuestra historia y en el ámbito de la leyenda nacional: “Centauro del Norte”, “Napoleón Mexicano”, “Bandolero Divíno”, “El Robin Hood Mexicano”, “Brazo Armado de la Revolución”,  “Pacificador de México”, “El Vengador de Madero”, “Genio Militar”, “Reformador Social”, “Alma de Jaguar”,  “Bandido”, “Robavacas”, “Feroz cabecilla”, “Sentimental y Plañidero”, “Bandido Justiciero”, “Amante cumplidor”, “Rayo y Azote”, “Valiente General”, “Ariete de la Revolución”, “Jefe de la División del Norte”, “Extraordinario administrador”, “Comandante Supremo de los Ejércitos Convencionistas”, “temible Guerrillero”, “Fiera Herida”, “Pancho Pistolas”, “Guerrillero Genial”, “Audaz Guerrillero”, “Ojo de hormiga”, “Quinto Jinete del Apocalipsis”, “Cincinato de Canutillo” y otros.

Villa fue una enigmática personalidad multifacética, podía ser: bueno o malo; amoroso o rencoroso; simpático o antipático; querido u odiado; filántropo o asesino; amigo o enemigo; compasivo o cruel; tierno o terrible; magnánimo o implacable; estratega o instintivo; táctico o improvisador;  sereno o violento;  imperturbable o impulsivo. Sicólogos y siquiatras batallarían para entender y explicar una personalidad así.

En 1937 el coronel Alberto Salinas Carranza escribió, en su libro ‘La Expedición Punitiva’, su opinión sobre Francisco Villa:  “Milité en el campo contrario a Villa y sin embargo no quiero demostrarlo, ni exhibirlo como es la moda actual, como un bandido vulgar. Lo presento como fue, con rasgos de grandeza indiscutible, generoso, valiente, activísimo, decidido, audaz y también cruel. Nunca avaro, nunca ladrón, nunca egoísta.”

La historia de Villa tiene tantos matices y pasajes inverosímiles, que se pudiera pensar que es un personaje ficticio salido de la pluma de un fabuloso novelista; pero no, Villa fue personaje de la vida real, tan humano, tan natural y tan imperfecto como cualquier otro hombre,  Villa pisó los umbrales de la gloria, la que no alcanzó por su incultura y rudeza; en cambio, Pancho Villa entró en el pintoresco campo de la leyenda, por lo cual ha sido tema popular y taquillero de innumerables libros, fotografías, corridos, películas, radionovelas y videos.

En el Libro ‘La Revolución Mexicana a través de los Corridos Populares”, Don Armando de Maria y Campos recopiló los corridos mas famosos en dos volumenes. Madero, Villa y Zapata son los caudillos con más corridos en su honor, porque son verdaderos héroes populares: “El alma del pueblo canta/ a sus héroes en corridos/ y jamás entona nada/ para los héroes fingidos”.

Francisco Villa nació el 5 de junio de 1878, en el rancho “Río Grande”, actualmente conocido como “La Coyotada”, municipio de San Juan del Río, en el estado de Durango. Sus padres fueron Agustín Arango Vela y Micaela Arámbula Alvarez, quienes lo bautizaron con el nombre de Doroteo. Para 1894 había muerto don Agustín; Doroteo, por ser el mayor, era la cabeza de la familia Arango Arámbula. Vivían el la hacienda “Gogojito” en Canatlán, Durango trabajando como ‘mediero’ con don Agustín López Negrete, cuyo hijo quiso raptar a Martina, la hermana de Doroteo y éste balaceó al infame sujeto, por lo cual tuvo que huir de la justicia porfirista representada por los temidos “Rurales”. Por 16 años fue perseguido y acosado; en esas circunstancias recorrió y conoció las sierras de Durango y Chihuahua, mató conejos, vacas y venados para subsistir y mató hombres para sobrevivir. Como fugitivo pasó los mejores años de su juventud, se asoció con bandidos y asesinos que tenían ese ‘modus vivendi’ por necesidad, no por gusto.

Para Doroteo esa fue su escuela: aprendió a manejar la pistola, el rifle, la daga, el hacha, el machete, el caballo, la reata de lazar y el cuchillo de carnicero con destreza y maestría; conoció sierras, montañas, cañadas, cuevas, desiertos, ríos, arroyos y bosques; sabía como sobrevivir por meses en ese medio bello y agreste; recorrió caminos, veredas, pueblos, haciendas y rancherías; aprendió a caminar de noche y dormir de día, a orientarse con las estrellas y a pronosticar el clima.

Ing. Clemente Rendón de la Garza
Cronista Municipal de Matamoros y miembro SNHGE


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