La historia del hombre es mucho más que la suma de sus triunfos y fracasos. Aristóteles por ejemplo, sitúo la verdad poética muy por encima de la mera exactitud histórica con la finalidad de poder comprender el espíritu y la vida interior, sus valores y alegría, además de examinar a las bellas artes en todas sus disciplinas, tomando en cuenta su esplendor y expresión humanística.

Los artistas, que eran elegidos por los dioses, creaban emociones e inspiraciones elevadas que, en muchos de los casos, sensibilizan al ser humano llevándolo en ocasiones hasta la sublimación.

La fuente creadora del hombre reside en su imaginación, la cual es heredada por el Ser Supremo, quien fue el que lo creó a su imagen y semejanza en pensamientos e ideales.

Las artes podemos afirmar, son el lenguaje elegido por el hombre a través del cual, comunica sus ideas y valores a sus semejantes, al universo entero.

Por otra parte y en lo que se refiere al artista de las cavernas, podemos señalar que representó y plasmó lo que vió en su época, realizándolo con dedicación y minuciosidad, no obstante a que no contaba con la técnica y enseñanza necesaria para ello, y asombrosamente, las sociedades ulteriores que conocían ya la palabra hablada y escrita, nunca superaron la fuerza pristina del documento gráfico dejado desde la historia.

Por lo tanto, se puede sostener que, un artista debe representar su mundo, su sociedad tal y como él lo ve y percibe, incluyendo en su obra el sitio que él mismo ocupa en el universo, de ahí que, la realización de la misma puede tomarse como un trabajo de su tiempo desde un punto de vista particular; en consecuencia, la escultura, la pintura, la poesía o la composición musical que salga de sus manos indicará la forma en que el artista imagina, sueña, piensa, siente y comunica.

Como ejemplo, un arquitecto podría decirse que es el Director de un ballet que diseña los pasos y figuras de una danza armoniosa para conjuntar todos los elementos que en ella participan, por lo tanto, una escultura es aliada natural de la arquitectura como un elemento original de la belleza.

El arte como la vida, es inextinguible, podemos lograr una comprensión humanista más rica, amplia y profunda por el estudio de las artes en relación con la vida y la época de las cuales surgieron.

Toda actividad artística comienza con el sentido de la vista y el oído espiritual del artista. La obra de arte que no comunica un significado, es totalmente vacía, ya que no transmite esa sensibilidad deseada que contribuye a elevar los sentimientos espirituales más profundos.

Definitivamente desde tiempos remotos, el mundo occidental heredó de Grecia la magnificencia del desarrollo del hombre en todas sus manifestaciones culturales.

Atenas por un lapso breve, fue el centro de las actividades de grandes hombres que destacaban por su inteligencia, ingenio y que buscaban comprender y conocer los secretos del mundo en que vivían, expandieron su inmensa inquietud cultural a otros países, atravesando el Mar Jónico para establecer un nuevo núcleo cultural al sur de la bota itálica, definiéndolo como el último punto de la Magna Grecia.

La expansión itálica desde el sur hacia el norte, creó un nuevo polo de riqueza cultural; desde Sicilia, Siracusa (tierra de Arquímedes), Taormina, Villa Armerina, Paestum, Nápoles, entre otras, y desde luego la grandeza de Roma; la fastuosidad artística bizantina de Ravena, hasta llegar al medioevo del Renacimiento Florentino, cuna de grandes genios de la cultura universal.

He de mencionar también la fusión de la cultura grecorromana de Herculano y Pompeya, además de grandes aportaciones culturales de Bizancio y la Etrusca, de estas antiguas ciudades se han rescatado grandes obras de arte las cuales se exhiben en el Museo Nacional de Antropología e Historia de la Ciudad de Nápoles.

Herculano ostentó el nombre de su fundador: Hercule, y podemos afirmar que aquélla fue una ciudad rica y aristocrática, en la cual residían los personajes más encumbrados de la sociedad romana.

En su descubrimiento en el siglo XVIII después de ser sepultada por la erupción del Vesubio en el año 79 de nuestra era, junto con Pompeya (ésta última ciudad de gran desarrollo comercial marítimo, como en su momento lo fueron también otras ciudades vecinas), se hallaron obras de arte de incalculable valor de época helenística, casi todas realizadas por grandes artistas, además de reproducciones de murales existentes en “Pergamo” ciudad de gran tradición musical, uno de ellos se admira en el Museo de Nápoles, en donde se representa la escena de Hércules y su pequeño hijo “Telefo” mismo que está siendo amamantado por un animal ovino.

Por otra parte, el camino a Roma hacia el gran desarrollo de las artes, se abrió en todo su apogeo, así itálica de pronto se enriqueció con los vastos tesoros artísticos de los atalidas donados por “Atalo III” en el año 133 A.C., en donde por interés y admiración que despertaron al ser mostrados en exhibiciones públicas, producirían un impacto intensísimo en el gusto de los romanos, además con ellos viajaron los artífices helenísticos que se ocuparon en embellecer la nueva capital del mundo con edificios, esculturas y mosaicos; de ahí que, la época de los emperadores “Antoninos” a principio de nuestra era cristiana, fue el período en la historia del mundo en el cual la humanidad alcanzó su condición más feliz y próspera.

Indudablemente, bajo los gobiernos de Trajano, Adriano y Marco Aurelio, se dio inicio a la época de oro de la literatura romana, con Cicerón, Lucrecia, Catulo, Virgilio y Ovidio; como también en la época de plata: con Seneca, Petronio, Plinio el Viejo, Plutarco, Tacito y Suetonio entre tantos; siendo éste último precisamente quien redactara la historia más verídica y aceptada de los XII césares.

La contribución romana a la arquitectura fue cuádruple, pues diseñaron edificios de uso prácticos, se esforzaron en el perfeccionamiento del arco y la bóveda como principio estructural (ejemplo de esto el Panteón de Agripa); pusieron especial importancia y énfasis en la verticalidad así como en el diseño de interiores, además de que la arquitectura romana se caracterizó por un cambio radical, por construir edificios religiosos.

Sobre el particular existe infinidad de información referente a la literatura, filosofía, pintura y escultura, sin embargo no todas las expresiones del arte han llegado hasta nuestros días, ejemplo: la música; pues todos los datos acerca de este arte hay que buscarlos en referencias, en literaturas ocasionales, en esculturas y murales de mosaicos, que nos muestran situaciones musicales y algunos de los instrumentos que se utilizaban.

De esta fuente se describe que los romanos escuchaban mucha música y que no había sucesos públicos o privados completos sin ella.

SENECA en el Siglo I de nuestra era, describe que la magnitud de los conjuntos vocales e instrumentales que se presentaban en los grandes anfiteatros era tal que a veces superaban en número al auditorio, además los grandes oradores se hacían acompañar de un músico para que les dieran los tonos correctos de impostación vocal.

También se prestaba enorme atención e importancia a los coros y bandas para levantar el espíritu militar con toques de trompetas para demostrar la grandeza de la Roma imperial, sin embargo, el hecho de que la música romana de la época considerada de “arte pura”, se perdiera en el tiempo, fue debido a que ningún compositor la transcribió.

Asimismo, cabe mencionar que la iglesia romana, por considerar a la música como “pagana” la hayan condenado a ser pasto de las llamas, desapareciendo así ese arte popular.

Definitivamente con las bases sentadas por los métodos romanos de construcción, la arquitectura, arte y cultura occidental quedó firmemente cimentada en toda su evolución, lo que ha dado origen a que haya perdurado, perdure y continúe perdurando a través de los tiempos.

Por lo antes descrito, debemos subrayar una vez más que Roma fue la puerta triunfal por la cual desfilaron y se fundieron todos los estilos formas e ideas de civilización mediterránea, asimismo y con el nacimiento de nuevas capitales imperiales romanas de Bizancio en el Oriente y la de Ravena en el Occidente, por el ocaso de acontecimientos políticos de la época, Roma logró retener su importancia como capital de la cristiandad, siendo la meta de peregrinación de todos los pueblos de la tierra, hecho que aún hasta nuestros días sigue manteniéndose vigente.

Sin pretender caer en absolutismos y exageraciones, se puede considerar que no hay ciudad importante del mundo que no ostente huellas o influencia de Roma, situación que la ha llevado a ser considerada y llamada, con toda justificación, como “La Ciudad Eterna”.

Posteriormente durante el período medieval surgieron los estilos paleocristiano, romano y bizantino.

Por un golpe inesperado y de suerte, la ciudad de Ravena pequeña población de la costa italiana del Adriático se convirtió en escenario de grandes dramas políticos, religiosos y artísticos, que en un lapso de siglo y medio sacudiría la historia del mundo de aquélla época.

Ravena fue simultáneamente la sede de los últimos emperadores romanos de occidente, la capital del reino bárbaro ostrogodo y el centro del imperio romano de oriente.

Es difícil imaginar un sitio más favorecido, en el año 402, el Emperador romano Honorio se estableció en Ravena debido al acoso constante a que era sometida Roma por las ordas bárbaras; en el año 476 fue consquistada por Odoacro, aniquilando por siempre el imperio romano de occidente, desterrando a su último emperador de tan sólo tres lustros de vida en el “Castel del Ovo” de Nápoles.

Resulta complicado pensar como un imperio tan poderoso por siglos, terminó siendo dirigido por un adolescente de nombre Flavius Romulus Augustus, hijo de Flavio Oreste nacido en Ravena en el año 461.

El reinado de Teodórico, sucesor de Odacro fue muy breve, cayendo en el año 540, mismo que sucumbió bajo las armas de Justiniano del imperio romano de oriente, reinstalando así por un breve tiempo el viejo imperio.

Mientras tanto, una tercera fuerza adquiría una influenza cada vez mayor, un poder más perdurable, ese poder era el Papado Romano; es así como surge una época que se distinguió por una lucha entre tres fuerzas, tres poderes, tres personajes: el Papa, Teodórico y Justiniano, los cuales pretendían ejercer sus derechos.

Todos estos conflictos dieron inicio desde el Siglo IV después que el Emperador Constantino oficializó el cristianismo, y lo elevó a la categoría de “religión del estado”, hecho que quedó confirmado en el Concilio Ecuménico de Nicea en Turquía en el año 325 bajo el Papado de San Silvestre.

Constantino al poco tiempo después cambió su corte a Bizancio, bautizándola como la nueva Roma; más tarde esta segunda capital fue llamada Constantinopla; con Constantino se oficializa también el imperio romano de oriente, le sucedieron en el trono Justino y posteriormente Justiniano el grande.

Bajo el mandato de Justiniano se publica el Código de sus leyes en el año 534, además es quien decide invadir por la vía bélica y conquistar la bota itálica de sur a norte, así como también Ravena, hechos para los cuales habría de contar con un fuerte ejército comandado por el famoso general bizantino Belisario, y es precisamente con esta acción que se termina con el poder del reino Ostrogodo de Teodórico,

Después de VII siglos de acontecimientos históricos sucedidos en Italia, y con especial relevancia, con la invasión bélica del ejército del Emperador Carlomagno para vencer y expulsar por siempre del suelo itálico a “Los Bárbaros Nórdicos”, con el fin de establecer nuevamente el poder de la iglesia, creando así el “Sacro Romano Imperio” es que da por cumplida la promesa hecha a su padre “Pipino El Breve”.

Así las cosas, ahora daremos un gigantesco salto para ubicarnos en pleno siglo XIII, en el inicio del floreciente renacimiento florentino definido como “Época Moderna de Oro”, en la que Italia se manifiesta como la cuna de las bellas artes en todas sus disciplinas, aportando al mundo entero a genios en todo su esplendor y belleza que perduran a través de los siglos.

Desde luego sería casi imposible referirnos a cada uno en particular por la cantidad de grandes artistas que con su talento aportaron grandes beneficios a la cultura universal.

Por otra parte, también debemos admitir y reconocer la gran aportación de los hombres que con su afán de aventura llevaron el nombre de Italia a descubrir nuevos horizontes desconocidos en esa época, ejemplos de ellos los son: Nicolás, Mateo y Marco Polo que llegaron a Katai; Cristóforo Colombo descubriendo un Nuevo Mundo; igualmente lo hicieron Giovanni Da Verrazzano, Giovanni y Sebastiano Caboto y Américo Vespucci, cartógrafo que impusiera su nombre al continente americano, además se tiene noticias que fue éste el primer italiano en pisar tierra mexicana al norte de Veracruz; Alessandro Malaspina expedicionario en Alaska que bautizó con su nombre un famoso glaciar.

Regresando a Florencia, recordemos algunos de los más destacados personajes de la cultura universal, entre los que encontramos pintores, escultores, orfebres, poetas, literatos y políticos, entre ellos tenemos a Giovanni Cimabue, Donato Bardi, Lorenzo Chiberti, Giotto Donatello, Paolo Uccelli, Domenico Veneziano, Massaccio, Andrea Castagno, Antonio Pollaiolo, Domenico Chirlandaio, Botticelli, Leonardo, Filippo Lippi, Michelangelo, Mantenga, Piero de la Francesca, Antonello da Messina, Tiziano, Brunelleschi, Benotto Gozzoli, Bernini, Petrarca, Boccaccio, Dante Alighieri y Nicolo Machiavello, además de las familias de mecenas como De Medici, Sforza, la Iglesia Católica Romana, entre otros.

Durante los siglos XIV, XV y XVI nacieron también nuevas formas musicales creadas por los más famosos compositores de la época, dotando a Italia y al mundo entero de los placeres infinitos de las más sublimes y armoniosas melodías como madrigales, motetes, cantigas y sonetos.

Estas creaciones eran acompañadas de hermosos instrumentos de la época como; el laud, el arpa, la lira, la espineta, el clavecín, la cornamusa y desde luego el órgano.

A finales del siglo XV se presenta una inesperada oportunidad de creación de un nuevo arte que conjuntaría todas las artes en un solo espectáculo, esto sucedió en ocasión de la majestuosa boda entre María De Medici y el Rey de Francia Enrique IV, misma que se presentaría en el famoso Palazzo Pitti; en donde nace la ópera “Euridice de Peri.

Este gran suceso musical se extendió como pólvora en todo el mundo y después de cuatro siglos hasta le fecha, es la música preferida de muchos melómanos de este arte llenando las mejoras salas teatrales de todo el mundo.

Muchos genios musicales surgieron de todos los estilos, desde Claudio Monteverdi, Francesco Cavalli, Giácomo Carissimi, Marco Antonio Cesti, Alessandro Scarlatti, Giovanni B. Pergolesi, Galuppi, Bononcini, Sommelli, Luigi Cherubini, Gaspare Spontini, Rossini, Bellini, Donizetti, Verdi, Boito, Ponchielli, Mascagni, Cilea, Giordano, Leoncavallo; Franco Alfano y Giácomo Puccini y otros cientos más; además se dio pié para el surgimiento de compositores de otros países europeos como Juan Felipe Rameau, Puquelin, Lully, Mozart, Wagner, Von Weber. Todas las obras maestras de estos excelsos compositores fueron dirigidos por el eminente director italiano Arturo Toscanini y ejecutados por famosos cantantes de todos los tiempos.

No quisiéramos cerrar este interesante y breve ensayo que tanto nos apasiona, pero sólo podemos reconfirmar que nuestro creador nos concedió una vida plena y hermosa a través de seres humanos que nos dieron felicidad y cultura para vivir una vida mejor.

Finalmente, podemos afirmar que el “arte no es otra cosa que amor”. ¡Lo más sublime que nos regala la vida!

Dr. Salvatore Sabella Bracale


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